
Si te escapas a Asturias, Avilés es sin duda visita obligada. Su casco histórico está considerado el mejor conservado del Principado y el vanguardista Centro Cultural Oscar Niemeyer, la única obra en España del famoso arquitecto brasileño, es valorada internacionalmente. En este post recorremos a pie la ciudad y visitamos en un ameno paseo algunos de sus rincones más bonitos.
Vamos a comenzar el recorrido a las puertas de nuestro restaurante La Dársena. Apenas debemos caminar ochenta metros para llegar a la escultural pasarela que salva la calle y la vía férrea y nos sitúa en el colorido puente que cruza la ría para acceder al centro Niemeyer. El propio creador de este complejo, uno de los genios de la arquitectura mundial, describió el centro que lleva su nombre como «una plaza abierta a todo el mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz» Oscar Niemeyer, premio Principe de Asturias de las Artes en 1989, regaló el diseño del complejo a la ciudad en 2006, ese mismo año comenzaron las obras de su construcción que fueron visitadas, entre otros, por el actor Brat Pitt, gran apasionado de la arquitectura y admirador del arquitecto brasileño. El centro se inauguró en 2011 con un multitudinario concierto protagonizado por el cineasta neoyorquino Woody Allen (también Premio Príncipe de Asturias) con su conjunto “The New Orleans Jazz Band”. Oscar Niemeyer no llegó a conocer en persona su obra asturiana al fallecer en 2012 a los 104 años de edad.
La belleza del espacio proyectado por el genio de la arquitectura no deja a nadie indiferente. El auditorio, la cúpula, la torre circular y el edificio multidisciplinar conforman un conjunto armónico en el que se manejan magistralmente los espacios y son protagonistas las curvas suaves.
Desde la explanada del Centro Niemeyer se tienen unas estupendas vistas de la ciudad, especialmente de la ría, con su puerto deportivo y la monumental –y puntiaguda– escultura “Avilés”, obra de Benjamín Menéndez. Precisamente cruzaremos el pontón que conecta el centro cultural con el puerto deportivo para regresar al centro de la ciudad.
Frente a nosotros el Parque del Muelle, construido a finales del siglo XIX en terrenos de marisma ganados a la ría. Preside el parque la estatua del insigne marino Pedro Menéndez de Avilés, conquistador y primer adelantado de La Florida donde fundó la ciudad de San Agustín, el asentamiento colonial más antiguo de los Estados Unidos de América. La actual ciudad de St. Augustine está hermanada con Avilés y ambas localidades mantienen una estrecha relación unidas por su Historia común.
Tomamos la calle Carreño Miranda, que lleva el nombre de otro ilustre avilesino pintor de la corte de Felipe IV y Carlos II para entrar en el marinero barrio de Sabugo, en otro tiempo pueblo de pescadores independiente, apartado de la villa pero hoy integrado en la urbe central y parte de su casco histórico. El epicentro del barrio es la plaza del Carbayo, en ella la iglesia de Santo Tomas de Cantorbery, popularmente conocida como “iglesia vieja de Sabugo”, cuya construcción se inició a finales del siglo XII y no se finalizó hasta avanzado el XIII. Conserva bien su estructura original, mezcla de estilos románico y tardorománico. Como curiosidad, en un lateral veréis el banco y la mesa de piedra, donde en su día se reunía el gremio los mareantes.
En la misma plaza tomamos la estrecha calle de Bances Candamo (dedicada al escritor y dramaturgo avilesino del Siglo de Oro) y descendemos hasta su final (apenas ciento cincuenta metros) que entronca con la calle de Pedro Menéndez. A nuestra derecha la “iglesia nueva de Sabugo” consagrada en 1903 y a la izquierda la plaza de Pedro Ménendez con su fuente. Nos dirigimos a ella y giramos a la derecha por la misma acera de la parada de Taxi para toparnos con una de las entradas a la plaza de los Hermanos Orbón en cuyo interior se ubica el mercado de abastos.
Fueron los Reyes Católicos quienes concedieron a Avilés, en 1479, la celebración semanal de un mercado franco y desde entonces se celebra todos los lunes del año. Pero en las instalaciones cubiertas los establecimientos dedicados a la alimentación están abiertos todos los días laborables con un horario amplio. Merece la pena visitarlo y contemplar la gran calidad de los productos que se venden, especialmente el pescado fresco, procedente de la rula local, pero también la carne asturiana y los productos de la huerta de las localidades cercanas.
Salimos del mercado por el mismo acceso que entramos (el que da al parque de El Muelle) y seguimos en dirección al palacio de Camposagrado fácilmente localizable pues su fachada posterior da al mismo parque. Cruzamos la calle de La Muralla que nos recuerda con su nombre el origen amurallado de la villa de Avilés, de hecho justo en este lugar estaba el puente que cruzaba la desembocadura del río Tuluergo (hoy canalizado subterráneamente) para conectar el viejo barrio de Sabugo, a extramuros, con la villa amurallada. Para ver la fachada principal del palacio debemos caminar desde su lateral hacia la plaza de Camposagrado. El palacio es el mejor ejemplo del estilo barroco en Asturias. Actualmente alberga la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias.
Un estrecho pasaje nos lleva a la iglesia de los Padres Franciscanos. Construida en el siglo XII, de estilo románico. En su interior se hallan los restos del Adelantado Pedro Menéndez. Mención especial merece la pequeña capilla de Los Alas, anexa a su lateral izquierdo, en el espacio que siglos atrás ocupaba el cementerio de la Villa, entre el templo y la muralla defensiva derruida entre 1819-1821.
Frente a la iglesia, en un edificio de moderna factura pero bien integrado en el entorno encontramos el Museo de la Historia Urbana de Avilés, de recomendable visita. Estamos en la plaza de Carlos Lobo y seguimos por la calle de La Ferrería en dirección al Ayuntamiento, que se encuentra a menos de doscientos metros. A mitad de camino , haciendo esquina con la calle del Sol, está la casa de Valdecarzana construida en el siglo XIV, uno de los escasos ejemplos de edificación civil medieval que han llegado a nuestros días en Asturias, si bien solo se conserva de la construcción original la fachada principal.
En la plaza de España, conocida como “El Parche”, vemos el consistorio municipal, edificio construido en el siglo XVII por el arquitecto Juan de Estrada. Desde la misma plaza, en un vistazo veremos la casa-palacio de García-Pumarino de la misma época y estilo similar y frente al ayuntamiento el imponente y sobrio palacio de Ferrera, de estilo barroco, edificado a mediados del siglo XVII por orden del marqués, siguiendo los planos del arquitecto municipal Bartolomé Velasco.
En el lateral del palacio te llamará la atención la fuente de los caños de San Francisco y la iglesia de San Nicolás de Bari, antiguo convento extramuros levantado en el siglo XIII. Interesante el claustro, en torno al cual se distribuían las distintas dependencias conventuales que hoy están ocupadas por un colegio religioso. En la plaza de Álvarez Aceval, donde nos encontramos, destaca también la artística fachada neoclásica de la Escuela de Artes y Oficios y el palacete de los Balsera, de principios del siglo XX, actual sede del conservatorio de música Julián Orbón.
De la plaza parte la pintoresca calle Galiana, ejemplo de arquitectura popular e indiana, de un lado casas soportaladas, del otro mansiones. Curioso el piso de los soportales, mitad empedrado y mitad enlosado. Ello tiene una explicación: la mitad empedrada con cantos rodados se empleaba para subir con animales de herradura o en madreñas, y la otra mitad para caminar con calzado normal.
Subimos la calle Galiana hasta llegar al antiguo barrio del Carbayedo, en cuya plaza antaño se celebraba el mercado semanal de ganados y hoy es un concurrido lugar de ocio presidido por un hórreo tradicional que ha sobrevivido al paso del tiempo, cosa poco habitual en un entorno netamente urbano.
Desde el enlace entre la calle de Galiana y el barrio del Carbayedo accedemos a uno de los espacios más queridos por los avilesinos y siempre un descubrimiento especial para los visitantes, el parque de Ferrera, que con sus casi 81.000 metros cuadrados es un auténtico pulmón verde en el centro de la ciudad. De estilo inglés era la finca privada de los marqueses de Ferrera, de hecho se conoce también como “parque de la marquesa”. Entre árboles y arbustos de diversas procedencias, algunos centenarios, y en un entorno cargado de encanto, la gente se cita en el parque para conversar, practicar running, pasear con los peques… La joya del parque es el jardín francés, situado justo a la trasera del palacio. Allí encontramos cuidados rosales y parterres de temporada. El parque conserva los dos árboles más viejos de toda la comarca, un tejo de más de 400 años (ya se encontraba en la finca antes de que se levantara el palacio) y un haya, también conocido como el “árbol de la marquesa”, dicen que plantado por ella hace tres siglos.
Cruzando el parque, salimos de él por la puerta que da a la calle Rivero, la cual tomamos a la izquierda en dirección al ayuntamiento. Los caños de Rivero, que suministraban agua potable a esta parte de la ciudad, y la capilla de San Pedro forman una estampa irresistible para las cámaras fotográficas. La calle de Rivero, soportalada como otras del casco histórico avilesino (hoy como ayer cosa muy práctica cuando llueve) nos lleva de nuevo a la Plaza de España, pero en lugar de volver por la calle de La Ferrería, lo haremos por la calle Ruiz Gómez, echando un vistazo a la fachada del teatro Palacio Valdés, en la calle del mismo nombre, y a la antigua cárcel, hoy oficina municipal de turismo.
Y volvemos a estar de vuelta en la plaza del Pescado, a la vera del restaurante La Dársena. Hemos hecho un recorrido estupendo ideal par una mañana o tarde. Esperamos que os resulte de utilidad; nos vemos en Avilés.
Enlaces de interés:
- Ayuntamiento de Avilés: http://www.ayto-aviles.es/
- Mancomunidad turística: http://www.avilescomarca.info/
- Sin Duda Avilés: https://www.facebook.com/sindudaaviles