
Nada empareja mejor con un plato fresco en un día de verano que una copa de un buen vino rosado. El rosado, ligero y refrescante, debe disfrutarse en consecuencia pero no subestimarse con prejuicios de antaño. Los rosados de hoy en día nada tienen que ver con los del pasado siglo. De hecho las bodegas están tomándose muy en serio la elaboración de nuevos vinos rosados y cada vez ocupan un espacio más destacado entre los adeptos al buen vino.
Prueba de su pujanza ha sido la celebración del primer Salón Solo Rosados, que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de mayo reuniendo por primera vez en España a los grandes vinos rosados de producción nacional, inequívoca idea del interés que están despertando.
Para la elaboración del vino rosado se utilizan uvas tintas pero en lugar de dejar fermentar el mosto con las partes sólidas de la vendimia (hollejos y pepitas) solo se mantiene un contacto inicial de unas pocas horas (las justas para otorgarle la pigmentación deseada) transcurriendo el proceso de fermentación alcohólica sobre el mosto limpio, sin presencias solidas, como si fuera mosto blanco y sin emplear la vía metabólica. Como resultado tenemos un vino joven fresco, afrutado y ligero que debe consumirse a una temperatura inferior a la de un tinto y superior a la de un blanco.
En cuanto a su maridaje la clave está en el equilibrio en la intensidad del sabor. El vino no debe opacar el gusto de la comida ni este debe ser tan fuerte como para solapar los matices del caldo. Por eso el vino rosado acompaña tradicionalmente a las carnes blancas, arroces y platos de pasta, pero casa bien con pescados azules , en todos los casos siempre que no lleven condimentos fuertemente aromáticos que compitan con el vino, y teniendo esto presente prácticamente con todos los platos fríos. Una ensalada se disfruta el doble con un rosado seco o semi-seco. Espárragos y alcachofas armonizan mejor con vinos rosados. En definitiva, un vino versátil que merece la pena descubrir.
Algo importante a tener muy en cuenta es que el vino rosado sea siempre de la última añada, ya que debido a su particular proceso de fabricación el tiempo le afecta negativamente. No es un vino para guardar sino para consumir, así que a disfrutar de los vinos rosados.